JUEVES: Los cortometrajes iluminan el festival

Abrimos la crónica del jueves con un acontecimiento histórico: hemos presenciado el primer estreno de una serie en toda la historia del Festival de Sitges. Hoy en día sería muy insensato seguir afirmando que las series viven a la sombra del cine tanto a nivel producción como a nivel mediático. Tanto es así que también en el Festival de San Sebastián, y antes en otros como Cannes o Sundance, se han estrenado series realizadas –evidentemente– para la pantalla pequeña. La de hoy es una producción de Movistar+ que lleva por título La zona, y a cuyo estreno han acudido sus directores, los hermanos Sánchez-Cabezudo, y parte del elenco actoral: Eduard Fernández, Carlos Bardem, Juan Echanove, Alexandra Jiménez, Emma Suárez y Alba Galocha. También sobre la alfombra roja ha tenido que pasar Victoria Price para más tarde recoger el Premio Máquina del Tiempo que el festival ha querido otorgado a su difunto padre –por favor, sombreros fuera–: Vincent Price. Este actor estadounidense es una auténtica leyenda del cine en general (más de doscientos títulos), y del fantástico/terror en particular, protagonizando obras como La mansión de los horrores (House on Haunted Hill, 1959), La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) o La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964).

En lo cinematográfico, nos hemos ido de cortometrajes. Una maratón de cortos siempre es una opción acertada, y más en el marco del festival de Sitges porque nos recuerda una de las mayores e innegables virtudes del cine fantástico y de género: la ingente cantidad de producciones que genera anualmente y la muy considerable calidad de las mismas, que son consecuencia de la evidente pasión que levanta este género y que tienen como máximo beneficiario al cine mismo. Aunque supongo que, tras lo anterior, no hará falta decir que los cortometrajes que se han proyectado hoy gozan de una factura muy a tener en cuenta (¡ojo a la producción de Expire!), me gustaría destacar dos. Uno es Teddy Bears Picnic, un corto breve pero eficaz que no se anda con rodeos, que desde el fotograma uno augura un final de todo menos alentador gracias a una atmósfera absolutamente siniestra; apoya su efectividad en una estética vintage sucia y decrépita que, seamos sinceros, siempre funciona a la hora de construir un ambiente perturbador. El otro es Love After Time, una pieza taiwanesa que, cuidando mucho el uso de las formas, recurre al trash más sentimental para mostrarnos una particular distopía a través de una puesta en escena nada desdeñable. Y ya fuera de competición, no podemos pasar por alto (ni aunque así lo quisiéramos) el gamberrísimo Psycho Kino, un trabajo español de corte amateur y absolutamente desternillante.

Fotograma del cortometraje ‘Psycho Kino’.

Sin duda, lo mejor que he hecho hoy ha sido ir a ver aquellos cortos. Caniba es una producción francesa que se acerca a la figura del caníbal japonés real Issei Sagawa y a la de su hermano menor, quien disfruta automutilándose. La propuesta intenta mostrar lo que ya hizo en su momento la película de Martín Cuenca Caníbal (2013): el drama real de un ser humano incomprendido para quien la máxima y más sincera expresión del amor consiste en comerse a la persona amada, pero los intentos acaban resultando una película que pone a prueba la paciencia del espectador a través de un ritmo extremadamente lento. Además, estoy intentando evitar la palabra “documental”, que es supuestamente el género al que responde,  porque considero que su potencial como archivo documental se desvanece entre desenfoques constantes y planos extremadamente cerrados que no nos permiten ver ni lo que está pasando ni prácticamente al famoso caníbal de una forma clara. Lo que sí es cierto es que no puedes dejar de sentir una constante inquietud al saber que todo lo que estás viendo (que es muy poco, pero algo es) es real, y no fruto de ninguna ficción, pero eso no es tanto gracias a la propuesta como al personaje representado. En definitiva: desaprovechamiento de una buenísima oportunidad.

Parecía que tras el fiasco de Caniba cualquier cosa iba a valer… Me equivocaba. Real es una de esas películas que te hacen plantearte una pregunta cada vez más frecuente en el cine de hoy en día: tienes una buena historia, ¿por qué no te preocupas por contarla de una manera mínimamente legible? En vez de eso, Lee Sa-rang se saca de la manga una especie de videoclip efectista en el que el peso de la estética devora por completo la lógica narrativa y la claridad argumental, atentando en ocasiones incluso contra la coherencia.

VIERNES: Drácula le da a Frank Langella su derecho a estar en Sitges y A Ghost Story deslumbra al personal

Aunque todos por aquí queramos mirar para otro lado y optemos por silbar cuando alguien se acerca al tema aunque solo sea de soslayo, a esto le quedan dos telediarios (uno, para ser más exactos). Con todo, Sitges sigue recibiendo invitados de primera categoría, como ha quedado claro hoy al ver sobre la alfombra roja al gran Frank Langella, al que ha ido a parar otro Gran Premi Honorífic. Sin duda, sus tres Premios Tony y aquella nominación al Oscar a mejor actor en 2009 han ayudado, pero la causa real y definitiva de este galardón se encuentra en el principio de su carrera cinematográfica: el papel de Drácula en la película homónima dirigida por John Badham en 1979, el cual podría decirse que fue la llave de las puertas de Hollywood para este intérprete.

Empezamos la penúltima jornada cinematográfica con Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, 2017), un entretenidísimo slasher muy bien construido que emplea las herramientas básicas del subgénero combinándolas con la fantástica (y fructífera) premisa argumental de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993) –segundo retoño directo del clásico de Harold Ramis en lo que va de festival–. Esta referencia es tan evidente que en la misma película se menciona, pero hay otro film del género en el que no podemos evitar pensar al disfrutar de Feliz día de tu muerte: Hermandad de sangre (Sorority Row, 2009), que a su vez es el remake de Siete mujeres atrapadas (The House on Sorority Row, 1983). Gamberra, divertida y ligera, aire fresco muy de agradecer tras el complicado día de ayer. Muy recomendable si eres de los que va al cine buscando pasártelo bien.

A Ghost Story (2017) es la película que echaría toda la Sección Oficial del festival por tierra, porque, si la vida y el jurado fueran justos, este film acabaría con cualquier posibilidad de competencia. Es un trabajo que necesita una liga para él solo y así poder llevarse todos los premios que se merece sin quitárselos a los demás. Es impresionante que pareciendo tan pequeña y simple, sea en realidad tan absolutamente inabarcable: la futilidad de la vida, la inmortalidad del amor, la infinitud de la eternidad, la trivialidad que debería suponer el tiempo para seres mortales e insignificantes como nosotros… todo tiene su representación en esta película. Toda esta grandilocuencia que se puede adivinar de su menaje, no es tal en las formas, que optan por una sencillez tan cercana como lo es un fantasma representado por una manta blanca con dos agujeros. Así pues, aunque hablemos de una poesía visual gracias a su poder de contar sin palabras, hay algo mayor que tiene que ver más con lo sensorial que con lo estético y que nos hace reconocer uno de los ejercicios de sensibilidad más abrumadores de los últimos años: el tratamiento de la música y del tiempo. Entre historia de amor, drama y recuerdos, la partitura va poco a poco introduciéndose en nuestra sensibilidad sigilosamente, de una manera orgánica y respetuosa. Una vez el subconsciente ha sido tomado por asaltado, el film empieza a contarnos lo que realmente nos quiere contar, y para ello necesita jugar con el tiempo –elipsis, flashbacks, desorden cronológico–, con el fin de marcarnos desde dentro con un sentimiento de eterna nostalgia hacia nuestra vida, la cual, ya sea más tarde o más temprano, acabará siendo parte del recuerdo de alguien que a su vez terminará cayendo en el olvido.

En ninguna proyección he escuchado durante la película tantos aplausos, risas y, en definitiva, tanta entrega por parte del público como en la de How to Talk to Girls at Parties (2017). La simpatía y la originalidad de la cinta se han hecho rápidamente con la sala y nos han trasladado a todos a aquel Reino Unido de los 70 en el que el punk rompía con todo a base de personalidad y rebeldía. Desde mi punto de vista, en el retrato propuesto por John Cameron Mitchell de este movimiento cultural, se busca romper el canon a base de cliché y poca profundidad, pero es cierto que la factura cómica de la cinta queda revelada desde el primer minuto y que tomar en serio eso sería poco menos que demagogia crítica si tenemos en cuenta la cantidad de disparates y atrevimientos que se despliegan. La delicia mayor de la película es, como no podía ser de otra manera, la banda sonora, repleta de temazos clásicos del punk tales como God save the queen, de los Sex Pistols, o I fought the law, de The Clash. También destaca por la intensidad de su abanico cromático y por el contraste de las estéticas punk y futurista, pero hay que admitir que no inventa nada nuevo en ninguno de estos aspectos… Nicole Kidman al más puro estilo Bowie como reina del punk, ¡eso sí que es romper con lo establecido!

PALMARES

Sección Oficial:

  • Premio Mejor Película: Jupiter’s Moon de Kornél Mundruczó
  • Premio Especial del Jurado: Thelma de Joachim Trier
  • Premio Mejor Dirección: Coralie Fargeat por Revenge
  • Premio Mejor Interpretación Femenina: Marsha Timothy por Marlina the Murderer in Four Acts
  • Premio Mejor Interpretación Masculina: Rafe Spall por The Ritual
  • Premio Mejor Guion: Joachim Trier y Eskil Vogt por Thelma
  • Premio Mejores Efectos Especiales: Ferenc Deák por Jupiter’s Moon
  • Premio Mejor Fotografía: Andrew Droz Palermo, por A Ghost Story
  • Premio Mejor Cortometraje: R.I.P de Pintó & Caye
  • Gran Premio del Público: Matar a dios de Albert Pintó & Caye Casas

Focus Àsia

  • A Special Lay de Lee An-kyu
  • Mención especial: Marlina the Murderer in Four Acts de Mouly Surya

Òrbita

  • Mejor película: The Battleship Island: Director’s Cut de Ryoo Seung-wan

Panorama Fantàstic

  • Mejor película: Creep 2 de Patrick Brice

Panorama Documenta

  • Mejor película documental; 78/52 de Alexandre O. Philippe

Anima’t

  • Mejor película: Tehran Taboo de Ali Soozandeh
  • Mejor cortometraje: Hybrids de Florian Brauch, Matthieu Pujol, Kim Tailhades, Yohan Thireau i Romain Thirion
  • Noves Visions One: Dave Made a Maze de Bill Watterson
  • Mención especial: Kuso de Flying Lotus

Noves Visions Plus

  • Mejor película: Dawson City: Frozen Time de Bill Morrison

Noves Visions Petit Format

  • Mejor cortometraje: Hoissuru de Armand Rovira

Jurat de la crítica

  • Premio de la crítica – José Luis Guarner: As boas maneiras de Juliana Rojas i Marco Dutra y The Killing of a Sacred Deer de Yorgos Lanthimos
  • Premio Citizen Kane a la mejor dirección novel: Coralie Fargeat, por Revenge
  • Mejor película Discovery: Brigsby Bear de Dave McCary
  • Jurado Carnet Jove; Mejor película: A Ghost Story de David Lowery
  • Mejor película Midnight X-Treme: Anna and the Apocalypse de John McPhail
  • Premio Brigadoon Paul Naschy: Cuerno de hueso de Adrián López

Samsung Sitges Cocoon

  • Mejor película: Knives de Adam Cosco
  • Mención especial; Ray de Rafael Pavón
  • Premio del público a la mejor película en realidad virtual: Alteration de Jérôme Blanquet

Méliès

  • Meliés de plata a la mejor película: Thelma de Joachim Trier
  • Meliés de plata al mejor cortometraje: Expire de Magalí Magistry

Blood Window

  • Madraza de Hernan Aguilar
  • Mención especial a la mejor actriz: Isabél Zuaa por As boas maneiras

Premis SGAE Nova Autoria

  • Mejor cortometraje: Celebració de Pau Cruanyes i Gerard Vidal
  • Mejor guion: Anna Agulló, por Una caja cerrada
  • Mejor música original: Joan Masats, per Sesgo, una historia de prejuicios y golosinas
  • Mención especial: La fuga de los 45 por Cristina Caamaño
Por Martín Escolar-Sanz