En el afán de seguir ensanchando el universo Marvel y en el de otorgar una nueva personalidad al reinicio de Spider-Man, se hacía necesario seguir los pasos que marcan el término “reboot”. Es decir, en este relanzamiento, no se sigue forzosamente la historia, sino que se conservan los elementos más importantes de la misma, se desechan los que no funcionan o directamente no interesan y se aportan ideas nuevas y frescas para que la narración tome nuevos derroteros.

Para que el relato de Spider-Man confluyera en el mundo multidisciplinar creado por Marvel, era obligatorio cambiar o renovar ciertos componentes de la historia. Tras las recientes adaptaciones de Sam Raimi (la trilogía Spider-Man) y las llevadas a cabo por Marc Webb (The Amazing Spider-Man)  estos venían, más o menos, a contarnos la historia desde un punto de vista más clásico, sin embargo, Spider-Man: Homecoming (2017), dirigida por Jon Watts, encaja perfectamente en la tela de araña creada por Marvel Studios y da un soplo de aire fresco a la historia. Las películas sobre el hombre araña siempre habían sido las más reticentes a cruzar historias y eso debía cambiar para poder encajar en esta nueva visión, el cambio de edad y de las circunstancias, también. He de decir, en contra de muchos puristas, que el film de Watts funciona.

Tras un periplo con Los Vengadores y Tony Stark (véase Civil War), Peter Parker (Tom Holland, muy buena elección) regresa a su casa con la tía May (Marisa Tomei, un acierto el cambio del personaje ya que abre nuevas perspectivas). Deberá volver a la vida normal en el instituto y retomar sus estudios y amistades, pero siempre vigilado por el ricachón alter ego de Iron Man. En sus intentos de convertirse en un justiciero se cruzará en el camino del villano Vulture.

Watts sitúa la historia en el ambiente adolescente y en el mundo del instituto, lo que supone un gran cambio en el personaje y explica esa temeridad naif e inconsciente. Además, Peter tiene las mismas inquietudes que cualquier chico de su edad: encajar, las chicas, los estudios… Watts (admirador confeso de John Hughes, al que dedica un nada disimulado guiño) dirige la función por los terrenos de la comedia con sello del maestro Hughes y es todo un acierto. A esta virtud, le sumamos la capacidad técnica actual para los efectos especiales, así que obtenemos una montaña rusa espectacular que sirve para enganchar a las nuevas generaciones (no olvidemos las edades de los otros superhéroes), y a las ya existentes gracias a sus guiños y referencias.

Laura Harrier (left) and Tom Holland in Columbia Pictures' SPIDER-MAN™: HOMECOMING.

Columbia Pictures

En su faceta técnica, nos encontramos con un nivel de perfección altísimo, sin el cual no podría llevarse a cabo toda esta idea de mundo paralelo Marvel . Por supuesto, tiene puntos débiles: con un villano de mayor entidad (no es algo que sea responsabilidad del siempre eficaz Michael Keaton), por mera discriminación entre protagonista-antagonista, el film hubiese crecido bastante y la figura del superhéroe se hubiese visto amplificada y con mayor entidad. Por otra parte, tendremos que esperar para ver cómo se desarrollan ciertos personajes y relaciones, que en esta entrega quedan perfilados aunque merecen mayor desarrollo.

Parece que Columbia y Marvel tienen claro hacia dónde dirigen todo este entramado de historias, que se asemeja al funcionamiento actual de las series. Para poder lograr que un relato de esta tipología funcione, hacen falta multitud de historias paralelas que nos mantengan enganchados  y de esta forma poder desplegarlas plenamente. Con todo esto, Spider-Man: Homecoming funciona muy bien como película independiente y se hace imprescindible para los amantes del género y seguidores del Hombre-araña, ya que serán testigos de otra forma de contar el mito de este eléctrico héroe de cómic, más desenfadada y a la vez más divertida.

Lo mejor: es una divertidísima montaña rusa.

Lo peor: falta un villano de mayor entidad.

Por Javier Gadea
@javiergadea74