A pesar de la indiscutible calidad de Star Wars: El Despertar de la Fuerza (Star Wars: The Force Awakens, 2015), y del prácticamente unánime –y positivo– veredicto que obtuvo de la crítica, la película que devolvió aquella galaxia muy lejana a la gran pantalla terminó dividiendo al público. Muchos condenaron el trabajo de J.J. Abrams por haber navegado por aguas conocidas sin correr ningún riesgo, mientras otros alabaron la capacidad del creador de Perdidos (Lost, 2004) para traer de vuelta a unos personajes, una historia y un universo del que muchos están enamorados. Y aunque ambas cuestiones son igual de debatibles, lo que nadie podrá negar es que el Episodio VII de Star Wars funcionó como un ejercicio de nostalgia que, además de llenar las arcas de Disney, revitalizó el universo de Lucas y le abrió las puertas a una expansión como ninguna otra que se haya visto en la historia del cine.

Ante esto, cabe esperar que Star Wars: Los Últimos Jedi (Star Wars: The Last Jedi, 2017), la siguiente entrega de la saga, vaya a ser analizada con lupa. El público no tenía claro si Rian Johnson, al que le han pasado la antorcha para desarrollar la historia de Rey, Finn y compañía, optaría por un abordaje conservador, apoyándose en el material previo y –de nuevo– jugando con la siempre bienvenida nostalgia, o si, por otro lado, decidiría llevar a sus personajes a un territorio nuevo y desconocido, con todo el riesgo que eso supone. Y aunque es cierto que Los Últimos Jedi no deja de beber de los filmes anteriores –e incluso fusiona lo que tanto nos gustaba de la trilogía original con las virtudes de las discutidas precuelas–, la película de Johnson es la más atípica, sorprendente y osada de todas las de la saga.

Retomando la historia poco después del final de El Despertar de la Fuerza, donde la Resistencia consiguió poner fin a la amenaza que suponía para la galaxia la base militar llamada Starkiller, la general Leia Organa encabeza la retirada de sus tropas hacia un nuevo asentamiento para evitar que la artillería de la Primera Orden acabe con sus ya escasos recursos. Mientras tanto, Rey, acompañada por Chewbacca y R2-D2, hace contacto con un Luke Skywalker al que debe convencer para que abandone el exilio y le instruya en los secretos de la «fuerza».

Aunque la sinopsis del nuevo trabajo de Rian Johnson suene familiar, el director de Looper (Looper, 2012) se ha asegurado de que su película se convierta en una de las entregas de la saga que más discusiones despertará entre el colectivo fan. Y es que, como muchos ya están afirmando, no sólo se está posicionando a Los Últimos Jedi entre los mejores títulos de toda la serie, sino que además el camino en el que Johnson embarca a sus personajes es sumamente inquietante, las revelaciones que se hacen a lo largo de su desarrollo son tan osadas como inesperadas y los giros argumentales que plantea rompen con muchos de los esquemas a los que el público está acostumbrado. Esto, a pesar de funcionar como un agradecido soplo de aire fresco para la saga, asusta y generará debate.

Sin embargo, podemos estar tranquilos. Los Últimos Jedi, a pesar de que –por culpa de una subtrama poco afortunada– no sea capaz de sostener su historia con el mismo virtuosismo del que sí gozó El Despertar de la Fuerza, es una gran película de aventuras que cuenta con un número convenientemente ajustado de secuencias de acción visualmente espectaculares, un crecimiento de personajes notable que se aleja de lo poco prometedores que parecían algunos de ellos en el anterior episodio, una ambientación –acompañada de una banda sonora que, como siempre, es sobresaliente– muy acorde al legado impuesto por Lucas y una emocionante chispa que sume al desenlace de esta nueva trilogía en un misterio como pocos antes habíamos tenido.

Lo mejor: En lugar de utilizar la nostalgia como apoyo principal, Rian Johnson ha optado por retar al espectador con alguna sorpresa capaz de romper los esquemas de muchos fanáticos de la saga.

Lo peor: El propósito de una de sus subtramas no termina de ser convincente, así como el potencial de alguno de sus personajes secundarios no se aprovecha del todo.

Por Nicolás G. Senac
@JerryF_