La primavera como epítome de la revolución, una condición indispensable para que los pueblos se levanten contra sus gobernantes. De sobra es conocido el Mayo del 68 que tantos nostálgicos y sobrevalorados homenajes está recibiendo en este su aniversario del medio siglo. O la famosa Primavera de Praga finalmente aplastada por los soviéticos, o la Revolución de los Claveles de Portugal. En primavera han nacido más flores regadas de sangre que de las lluvias de abril.

A taxi driver: Los héroes de Gwangju (Taeksi Woonjunsa, 2017) narra los hechos (prácticamente desconocidos en Occidente) ocurridos en la primavera de 1980, el levantamiento de la ciudad de Gwangju contra el régimen dictatorial que gobernaba Corea del Sur. Unas protestas a favor de la democracia, el sindicalismo y la libertad de prensa, que acabaron con cientos de muertos en una represión inhumana por parte de un gobierno ciego de poder, e incapaz de realizar una transición pacífica hacia regímenes más aperturistas. Lo que comienza como una comedia de tintes sociales, termina en como un drama histórico, con una trama rodada con pulso hasta la epifanía del (anti)héroe en un clímax trágico, en el que se encarna la referencia a los héroes del título.

Kim es un taxista que cuida solo de su hija pequeña después de enviudar y que, acosado por las deudas, decide hacer trampas para poder embarcarse en un viaje del que sabe que le espera una buena remuneración, pero que no tiene ni idea de los peligros que le acechan. Tendrá que recorrer y sobrevivir en Gwangju junto a un periodista alemán (interpretado  por el alemán Thomas Kretschmann, un trotamundos con mucha experiencia a sus espaldas, en papeles como Eichmann (2007) o el capitán del barco del King Kong de Peter Jackson), incómodo porque su conductor, a pesar de lo que había dicho, no habla inglés, ni alemán, ni ninguna lengua que pueda comunicarlos.

El cada vez mejor director surcoreano Jang Hoon vuelve a contar con Song Kang Ho, el que posiblemente sea el mejor actor de su país de la actualidad, y uno de los mejores a nivel internacional, a pesar de que sus incursiones fuera del círculo coreano se puedan contar con los dedos de la mano. Después de colaborar juntos en la ya magnifica Secret reunion (Ui-hyeong-je, 2010) Song Kang Ho se vuelve a meter en el papel que lleva más de una década bordando: el coreano medio, personajes de poca cultura, acomodados en el placer inmediato y el chiste fácil, papeles difíciles, que suelen sufrir una metamorfosis en sus vidas, lugar de esparcimiento para el talento del actor. Protagonista de una de las mejores películas que se han realizado en la península asiática (Memories of a murderer, 2003), Song Kang Ho destaca en un reparto que está a la altura de la película y de su historia, que refleja (en ocasiones de forma un poco irregular) la solidaridad, la camaradería y la valentía de todo un pueblo, en oposición a la sinrazón militar y la censura.

Si bien es cierto que, como suele pasar con las películas coreanas, el metraje quizá sea excesivo, y hay historias que podrían ser más redondas, la narración así como las interpretaciones de todo el elenco, hacen de A taxi driver una magnífica película para conocer la historia de Corea del Sur, indignarse con la miseria humana, y emocionarse con la grandeza de los pequeños actos de personas anónimas, que con su orgullo dañado, y su conciencia lúcida, escriben la historia en favor de los más débiles. Por cierto, la película arranca con una frase de esas  que tanto gusta a los modernos “basada en hechos reales”.

Lo mejor: La actuación de Song Kang Ho, magistral, con espacio para la risa y el llanto. Atentos a la escena en la que explica al periodista su vida en un largo monólogo incomprendido.

Lo peor: Excesiva duración, además de pasearse por algunos lugares comunes del cine político.

Por Javier Martín Corral