¿Puede el drama más profundo dejar lugar para el humor?, ¿hay sitio para una sonrisa sincera o una carcajada honesta en medio de la desesperanza?, ¿puede un drama ser una comedia?. Martin McDonagh lo tiene claro: todo es posible en esto del cine y, en Tres anuncios en las afueras (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, 2017), donde el cine es la vida misma y viceversa, McDonagh ha dado a luz un abismo de dolor en el que conviven Talía y Melpómene, las musas griegas de la alegría y la tristeza, predecesoras de las dos máscaras, icono y alegoría del teatro, que se intercambia constantemente la fabulosa película del director de Escondidos en Brujas (In Bruges, 2008).

Y, aunque esta no es una historia de venganza, hay algo en Mildred Hayes (Frances McDormand) del William Munny de Clint Eastwood que impartía justicia en Sin perdón (Unforgiven, 1992). Hayes no la imparte, la busca, y no dudará en retar a la patética ley establecida para encontrar al asesino de su hija. De esta forma, la pequeña localidad de Ebbing, en Misuri, como en aquel Oeste de bandidos, oficinas del sheriff y salones, se prepara para una guerra inesperada con una madre herida, de fortaleza descomunal y motivada por la incompetencia policial ante su enorme pérdida. El dolor irreparable y su actitud desafiante la sitúan en el punto de mira de todos, además de en una posición de dura soledad tan solo soportada por el ansia de pedir cuentas a quien tiene que pagarlas.

Tres anuncios en las afueras resulta un perspicaz western moderno y un inteligente estímulo cinematográfico. Los ingredientes, de la mejor calidad, tienen el más intenso de los sabores, también el emplatado, elegante y resultón. Martin McDonagh canta bingo con este desafío para el espectador, pues en sus ácidas líneas de guion se encuentra la épica del cine que a todos llega y que no se entretiene en las florituras de los clásicos, ni en los gestos vacíos de las vanguardias más recalcitrantes. Los diálogos del film son dardos, a veces envenenados, que hacen diana en el corazón y el intelecto, quizá, la excepción que confirma la regla del “sí, se puede” al combinar ambos objetivos sin pretender dejar, por imperativo hollywoodiense, frases para la posteridad. El film de McDonagh no necesita grandilocuencias argumentales ni trucos de guion, ya que es en su irresistible pequeñez donde se esconde la más lúcida de las escrituras.

Aquí, como en las batallas más memorables, los diferentes bandos presentan a sus abanderados para intimidar a un rival que, a veces, lucha por razones diferentes. Y aunque en Tres anuncios en las afueras se oyen pocos disparos, hay muchas armas encima de la mesa; La pérdida, el dolor, la injusticia, el olvido, la enfermedad, el racismo… son minas escondidas que tarde o temprano explotarán. Pero, en Ebbing, Misuri, ha llegado el momento de hacer preguntas y de pedir respuestas, de ir a la guerra, así que Frances McDormand se pone, o mejor dicho, no se quita el mono de trabajo para hacer que el mensaje de tres carteles a las afueras revienten la paz cínica y exasperante de un pueblo que mira hacia otro lado de la misma forma que los de la placa y la pistola, exponentes todos ellos de una inepta justicia local.

Un efectivo Carter Burwell (Carol, Rob Roy) hace las veces del Ennio Morricone de la “trilogía del dólar” para ponerle acordes a la aventura de Mildred Hayes. Ella, suertudo personaje, pues ha tenido la dicha de que una inmensa McDormand se encargue de darle vida, es el brío y la rabia en una película bien equilibrada que, en contraposición al gancho de su rol, coloca una ración de varios y pintorescos personajes de la misma forma atractivos: el jefe de policía Willoughby -sobrio y carismático Woody Harrelson-, Red Welby -un Caleb Landry Jones al que hay que seguir muy de cerca-, RobbieLucas Hedges en su año más fructífero- o el ¿agente? Dixon, la que supone otra interpretación única y genuina en la carrera de Sam Rockwell. Todo ellos, actores experimentados unos y más novatos otros, se desenvuelven en la tragicomedia como pez en el agua a la vez que confirman el notabilísimo ejercicio de casting.

© Fox Searchlight

Reconocida ya con varios galardones importantes como los Premios del Público de los festivales de San Sebastián o Toronto, el Mejor guion en el Festival de Venecia o cuatro Globos de Oro, la película de Martin McDonagh parece no tener frenos en su carrera hacia el Oscar, aunque esto, al final, sea intrascendente para valorarla como trabajo cinematográfico. Tres anuncios en las afueras no necesita el combustible de los galardones para volar, pues, como en los mejores western de la época dorada del género, ésta se basta y se sobra para agarrar al público de la solapa durante sus 112 minutos de duración. Una mezcla genuina de subgéneros, algo de caricatura, mucho de realidad, personajes grotescos y ásperos, sentimientos profundos, sensaciones extremas… todo espera a un patio de butacas ávido de estímulos enérgicos desde la pantalla. Se han escuchado sus plegarias, pero antes tres anuncios les invitan a ir a la guerra; una guerra en Ebbing, Misuri.

Lo mejor: Su guion, lúcido y eléctrico, y una Frances McDormand conmovedora.

Lo peor: Alguna escena puede resultar ligeramente forzada en pos del espectáculo.

Por Javier G. Godoy
@blogredrum