¿Cuántas probabilidades hay de girar la esquina y encontrar una persona exactamente igual a uno? Y si eso lo multiplicamos por tres ¿cuál sería el resultado? Eso no los sabemos con exactitud, pero fue lo que le sucedió a Robert Shafran, Eddy Galland y David Kellman, unos trillizos que nacieron en los suburbios de Nueva York en julio de 1961 y que, en el marco de un experimento secreto liderado por el psicoanalista austriaco Peter Neubauer, a los pocos meses fueron separados y entregados en adopción por la agencia Louise Wise a familias con diferentes características. El documental sigue de cerca una historia que acaparó la atención de los medios estadounidenses durante los años ochenta, convirtiendo en estrellas a tres sujetos que durante 19 años crecieron si saber de su existencia compartida y que al encontrarse trataron de reconocerse a través de sus gustos, miedos y aficiones. Y aunque parece que se tratara de la sinopsis de una película de ficción, es la historia que hay detrás de Tres Idénticos desconocidos (Three Identical Strangers, 2018), documental inglés que ha dejado excelentes comentarios, con nominaciones en prestigiosos premios como los BAFTA, el Sindicato de productores (PGA), y el Festival de Sundance, donde se llevó el Premio Especial del Jurado.

La apuesta es interesante: ¿Qué ha pasado con ellos en este tiempo? ¿Cómo es posible que esto haya sucedido y que además existan casos similares con personas que nacieron en la misma época? En su fondo, Tres idénticos desconocidos pone el dedo sobre lo que es éticamente correcto; hasta dónde llega la dignidad humana, cuáles son los límites de la ciencia y la sed de conocimiento. En las entrevistas, aquellos que participaron o fueron testigos del experimento, hablan sin reparos de la investigación, dejando en evidencia que eran otros tiempos y otras mentalidades, que tal vez con el tiempo lo bueno y lo malo también se evalúa de nuevo y que cada cosa debe ser mirada con los cristales de su tiempo.

¿Acaso la vida es un guion sin salida? ¿estamos predestinados a actuar de cierta manera o influye nuestro entorno en aquello en lo cual nos convertimos? En el siglo XVII Calderón de la Barca se preguntaba si la vida era sueño, si era designio de los dioses y las estrella el devenir de cada uno en la tierra; cuatro siglos después, y a través de esta historia, nos cuestionamos lo mismo. ¿Suerte o predestinación? Las respuestas se diluyen con el tiempo y la muerte, y mientras eso ocurre duermen anquilosadas bajo los más altos protocolos de seguridad.  Así, el documental deja puertas abiertas, muchos interrogantes en el aire y una invitación que nos lleva a reflexionar sobre cómo de real es nuestra libertad y las decisiones con las que construimos nuestra vida.

Lo mejor: Sus giros. El relato es una especie de matroska que se va desarmando hasta llegar a unas entrañas inesperadas.

Lo peor: Con una historia de tal magnitud quedan muchas líneas abiertas e interrogantes en el aire.

Por Claudia Estrada
@clau_cachorra