Con casi tres años de retraso llega a nuestras pantallas esta pequeña cinta que habla de grandes temas: la familia y lo que no se dice,  la niñez y sus traumas, la búsqueda de la aprobación paterna, el amor, el equilibro entre de dónde venimos y en quien nos queremos convertir para encontrar nuestra propia identidad.

La protagonista de esta historia vuelve a su Jordania natal para organizar su boda con un hombre de allí, pero de diferente religión. Ambos están afincados en Nueva York, y el choque de la vuelta al hogar, a las costumbres y a la familia, será frontal para May. Aun así y en parte paradójicamente, el film pasa muy de puntillas por la situación social de las mujeres en ese país, aunque sí podemos ver las diferentes creencias y los límites que todavía se les imponen.

Al más puro estilo Tarantiniano, la directora, guionista y actriz Cherien Dabis divide su película en cuatro capítulos con cuatro proverbios árabes.  Tiene todo el sentido que empiece con: “Todos somos niños en nuestro hogar”. La estancia con su familia servirá a la protagonista, a sus hermanas y su madre para enfrentarse con sus deseos y su propia existencia, todo ello en un tono agradable, incluso divertido. La trama tiene un par de giros que son predecibles, pero eso no evita sea una película para disfrutar y que acaba por dejarnos un buen sabor de boca.

Cherien Dabis había firmado en 2009 su debut como directora con la interesante Amerrika, que pudo ser vista en la Seminci de Valladolid. En esta cinta trataba también el tema de la familia, la religión, la inmigración, y contaba con las actrices Hiam Abbass y Alia Shawkat, que interpretan a su madre y su hermana pequeña respectivamente en su segunda película, trabajo para el que la realizadora se reservó el papel protagonista. En cuanto al elenco masculino, Bill Pulman interpreta a su padre, un diplomático norteamericano ausente de sus vidas desde hace casi una década. Su divorcio y propio sufrimiento, es el argumento que usará la madre para que su hija no se case con alguien “tan diferente” a ella. Su prometido es el estupendo Alexander Siddig (Syriana, El reino de los cielos), del que sólo disfrutamos de su voz, y unos segundos en pantalla

El proverbio que cierra la historia está también muy bien elegido y no hay ambigüedad en su mensaje: “No hay almohada más cómoda que una conciencia tranquila”.

Lo mejor: la unión entre mujeres y el mensaje de libertad.

Lo peor: no sorprende ni marca ninguna diferencia.

Por Sandra Sedano
@ReggieHolly