Imagino que no debe ser fácil la vida en Georgia, perteneciente hasta 1991 a la URSS, un país con evidentes diferencias sociales, con un marcado desfase tecnológico y un claro retraso económico con respecto a otras partes de Occidente, como puede ser la Zona Euro. También imagino que más difícil será ser mujer en un país con una profunda estructura patriarcal (cuando ni siquiera en los países más avanzados se ha logrado la ansiada igualdad). Todo esto queda reflejado en el debut en la dirección de la georgiana Nino Basilia, que llega a nuestro país tras su exitoso paso por diversos festivales de cine, entre ellos el de Valencia y El Cairo.

La vida de Anna (Anna’s Life, 2016) es un drama social que nos cuenta el difícil día a día de una joven madre en la capital georgiana. Su hijo sufre autismo, por lo que Anna necesita varios trabajos para sacar adelante su vida y mejorar la de su hijo, internado en un colegio especial. Anna decidirá emigrar a EE.UU, cueste lo que cueste.

La interesante primera parte del film, nos muestra de forma realista y cercana al documental el via crucis diario para mal alimentarse e intentar que su hijo mejore. Durante este tramo, la película hace un análisis seco y veraz de la situación de la mujer en esa sociedad y todas las mujeres que van apareciendo o estarán mantenidas, serán secretarías u ocuparán los sitios más bajos del mundo laboral. De esta forma, Basilia expone y contextualiza la dificultad que tendrá la protagonista en esa sociedad desigual y tremendamente atrasada. Sin embargo, la segunda parte del film pierde fuelle al resultar reiterativo, con lo que su ritmo y el interés del público por el argumento, se ven claramente afectados. Mención aparte merece la protagonista, una destacable Ekaterine Demetradze, que realiza una trabajada composición de su personaje, la sufridora Anna.

En su conjunto, La vida de Anna resulta una buena opción para los amantes del cine social y para aquellos que ansíen saber saber algo más de una sociedad que nos es bastante desconocida.

Lo mejor: la forma y el fondo al mostrar la cruda realidad de la mujer georgiana.

Lo peor: le sobran algunos minutos de metraje.

Por Javier Gadea
@javiergadea74