Vivir de noche (Live By Night, 2016), el último largometraje como director de Ben Affleck, comienza con una transición de imágenes que sitúan el contexto social previo de la vida de Joe Coughlin, un hombre definido por su pasado. Esta justificación del carácter basada en un conflicto bélico (la película está narrada por él mismo y revela que a la guerra “fue siendo un soldado y volvió siendo un delincuente”) asienta las bases de lo que parece perseguir el realizador a lo largo de todo el metraje: diseccionar la ambigüedad moral que subyace en los actos de este hombre para visibilizar la frontera que separa el bien y el mal en los asuntos humanos.

Basada en la novela de Dennis Lehane, el relato se construye a modo de expiación de este irlandés que transita las zonas más oscuras de la seca Norteamérica de los años veinte. El realizador bordea los lugares comunes del cine de gánsters, mafias italianas, irlandesas, latinas (y hasta las “ideológicas” como el Ku Klux Klan) de principios de siglo XX, sin llegar a convertirse en un conjunto de clichés del género, a pesar de reunir los elementos más definitorios del mismo. Affleck acierta al focalizar la mirada sobre el conflicto personal del protagonista, eje central de un relato que se antepone a las turbias circunstancias y ambientes criminales en los que se adentra.

Con esa mirada puesta en Coughlin, Affleck construye la puesta en escena destacando aquellos elementos que refuerzan el camino de constante incertidumbre ética por el que deambula (las escenas con Zoe Saldana, incluso con Elle Fanning, se iluminan con atardeceres que contrastan con el submundo de sombras en el que desarrolla su actividad, una clara alusión a la dualidad que configura su existencia y su moralidad). Destaca la presencia de los personajes secundarios que, si bien su creación es (probablemente) mérito de la novela, se encuentran perfectamente definidos dentro del relato, dotándolos de la suficiente complejidad y presencia en pantalla como para humanizar el crimen, sus consecuencias y las relaciones que se establecen entre ellos (¡cuánta desidia pone Affleck en su labor interpretativa y qué bien sitúa en escena al resto del reparto!).

Vivir de Noche es una película de gánsteres, sí.  Affleck muestra ese mundo de persecuciones, robos de bancos, clubs clandestinos, extorsiones y sobornos sin desviar la mirada, posicionando la cámara en medio de la contienda, pivotándola de un lado a otro con tensión y firmeza, las mismas que definen la situación de Coughlin. Lo que queda en pantalla son las pruebas tangentes de las consecuencias, los errores y los aciertos de un hombre sobrepasado por las circunstancias. No resulta fácil vivir con tu pasado, ni alcanzar la gloria de vivir de noche. Lo difícil es saber que, sea cual sea la decisión que se tome, siempre se termina viviendo a la clara luz del día.

Lo mejor: La fuerza de los personajes secundarios, brillantes Chris Messina, Chris Cooper y Brendan Gleeson.

Lo peor: la anodina interpretación de Ben Affleck.

Por Cristina Aparicio
@Crisstiapa